Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa
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“Todo es práctica” la teoría ocupa un lugar secundario. Donald Schön.
Donald Schön (1930-1997) PhD. Graduado de la Universidad de Harvard con una tesis doctoral sobre John Dewey. De John Dewey retomó la idea rectora de “aprender haciendo” y en base a dicho axioma construyó su propuesta. Su aportación a la Educación lo podemos catalogar dentro de los supuestos del “aprendizaje reflexivo” o “Educación experiencial”. Sus investigaciones giraban en torno a la praxis de los profesionistas, se preguntaba por ejemplo cómo es el proceso cognitivo de los arquitectos, los gerentes de empresas, los profesores, los terapeutas mientras están ejerciendo su profesión. En otras palabras se podría definir también su propuesta como “La epistemología de la práctica”: El conocimiento está en la acción independientemente de que si el alumno pueda dar una explicación verbal del procedimiento metodológico que utilizó para llegar a ello.
La propuesta de Donald Schön es muy clara, él asevera que el joven que acude a una Universidad logrará las
competencias pertinentes más en la práctica (atendiendo pacientes en el caso de estudiantes de psicología o acudiendo a las aulas con alumnos reales en el caso de futuros docentes) que lo que se pueda enseñar en las clases teóricas. O como lo planteara John Elliot dentro de su visión del sentido común como punto toral de su disertación: “Se puede elaborar una teoría tanto desde el punto de vista de la ciencia como desde el punto de vista de la práctica”.
Donald Schön aseveraba que el profesionista tenía que desarrollar las competencias pertinentes para la solución de problemas propios de su “arte”, es decir, de su profesión, de su vocación, de lo que escogió como modus vivendi. En internet se encuentra la siguiente declaración referente a Donald Schön: “La práctica profesional reflexiva permite al docente la construcción de conocimientos a través de la solución de problemas que se encuentran en la práctica; esto conlleva la construcción de un tipo de conocimiento desde las acciones para tomar decisiones mediante la utilización de estrategias y metodologías para innovar.”
La propuesta de Donald Schön va encaminada a lo que hoy se le conoce como “formación continua” o actualización constante o cursos de profesionalización, en donde el profesionista (en este caso el docente) que se sienta comprometido con “estar en esa constante renovación”: “Ayudarle al docente a construir sus propios repertorios de competencias y habilidades sobre la base de la continuidad”, para que dicho programa se vea reflejado en la calidad de la enseñanza, en la práctica diaria del docente.
Los exhortación de Donald Schön es que en las Universidades se retome la metodología de enseñanza que se lleva a cabo
en los talleres y conservatorios: “la libertad de aprender haciendo en un contexto de riesgo relativamente bajo”. Los dos libros claves que recogen las teorías de Donald Schön son: El profesional reflexivo. Cómo piensan los profesionales cuando actúan (1983) y La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y aprendizaje en las profesiones (1987).
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La propuesta de Donald Schön tiene mucho que ver con lo que formulan Wilfred Carr y Stephen Kemmis, ellos cuestionan el saber ya dado, dentro de la línea de la teoría crítica, sus propuestas giran en torno a que el docente es capaz de llevar a cabo una propuesta pedagógica en base a su diario con-vivir con sus pupilos, una investigación-acción que dista mucho de lo estipulado por los grandes investigadores que hacen la teoría en los escritorios.
En un primer momento uno se deja vislumbrar por las propuestas de los Doctores en Educación que han pasado gran parte de su vida detrás del escritorio dictando el derrotero de la Educación, pero la propuesta de Wilfred Carr y Stephen Kemmis es apostar por la inteligencia del docente que día a día se enfrenta a la realidad cotidiana de su “ser docente” en donde muchas de las veces la teoría queda corta, en donde la Educación no se da en un laboratorio en donde se pueden controlar todas las variables; al contrario, los que participamos activamente en el proceso primario de civilización (comúnmente denominado “educación”) sabemos que en nuestros “laboratorios” existen variables externas y variables extrañas imposibles de ser manipuladas y sobre todo en un campo de acción en donde las emociones forman parte fundamental en ese inter-juego dialéctico entre profesor-alumno o lo que hoy nos gusta denominar enseñanza-aprendizaje.
Un ejemplo práctico de lo aquí esbozado es la experiencia que nos comparte el profesor Federico Acosta Cruz en su labor educativa en la Ciudad de Pachuca, en una Escuela unitaria dentro de una comunidad rural, en donde él ha aprendido que una cosa es lo que dictamina la teoría y con ello los planes y programas de estudio y otra cosa es la realidad que le increpa: por ejemplo él ha aprendido por medio de su práctica docente que con sus alumnos ha decidido conducirse de la siguiente manera: propone las actividades educativas de una manera interesante para sus alumnos logrando un “aprendizaje significativo”: les propone la actividad y deja que los alumnos se entusiasmen independientemente del tiempo que se pueda llevar a cabo, claro, tomando como referencia el receso como estímulo para que el alumno no holgazaneé. “Es preferible aprovechar el interés y espontaneidad del alumno.” Dice el profesor.
Nos ponemos pues ante una encrucijada: escoger la vía del comercial finlandés de los setentas en donde se enseña paso a paso a abrir la puerta…
U optar por su contraparte que la podemos encontrar en la película en donde una chica tiene un sueño de ser patinadora y en base a procedimientos científicos mejora su desempeño artístico (Sueños sobre hielo).
Quizá no deberíamos ser tan maniqueístas, no repudiar la metodología de la ciencia pero tampoco desdeñar la sabiduría del docente.
Carlos Arturo Moreno De la Rosa (UPN – Monclova)



